Estoy sorda para cualquier grito, de mi nombre, en busca de una esperanza de amor.
Estoy muda para cualquier oido dispuesto a escuchar mis palabras abandonadas.
Estoy ciega para cualquier mirada comprometedora.
Pero mi nariz no esta sellada por ninguna medida física o natural, mas que por el perfume ácido que calma al alma de dolores y llena al corazón de desesperación por tu regazo.
Como en las epicas batallas, de mis libros de Tolkien, anhelo el hogar entre tus brazos. Y el calor de la batalla y los amigos extranjeros y tierras desconocidas no llenan el vacio que solo tu belleza parece calmar. Y las busquedas desesperadas de libertad no son más que excusas para escapar del frenesí de tu ausencia. Los años no me bastan para asimilar el tiempo que te extraño. Y tu calor, ni el mas abrasador fuego puede comparar. Tú mi Eärendil, mi estrella de la tarde, mi lucero y guía en las noches. Como un montaras del norte huyo hacia tus tierras, afrontando el peligro de tu rechazo.

