jueves, 31 de enero de 2013

No sé cómo llamarle. Brown eyes? ... 31/01/13

Le contemplé anhelante. Llevaba aproximadamente más de diez minutos contemplando el libro al final de la estantería. No me movía, simplemente le contemplaba. Le anhelaba, le quería, le admiraba. Pero no debía comprarlo, el dinero debía ser para otra cosa. Otra cosa de la cual me había olvidado para venir a plantarme  frente a la estantería a contemplarle.
De súbito, alcé la mirada, Allí frente a mí, a través de la estantería, entre los libros, había un par de ojos marrones contemplándome fijamente. No aparté la vista ni un segundo. Quedé como en trance mirándolos. ¿Acaso había expresado con palabras mi aprensión por el libro como para llamar la atención del joven que me miraba desde fuera del recinto de estanterías de libros? Estaba allí parado en la sección de materiales mirando a través de la estantería hasta mis ojos, hasta mis pensamientos, hasta mi alma. De pronto, tan repentinamente como había aparecido, se volvió a su izquierda y siguió caminando entre las estanterías de materiales. Me quedé mirándole fijamente, sin moverme, memorizando los pequeños rasgos que podía distinguir de su perfil, mientras se alejaba. Al cabo de unos minutos de soledad. Me agaché y tomé el libro entre mis manos, y salí disparada hasta la registradora a pocos pasos del recinto de estanterías de libros, dónde había estado hace unos segundos. Me dispuse a pagar mientras miraba a mi alrededor en busca del desconocido joven. No había pasado suficiente tiempo como para que se marchara, y si así fuera, desde mi sitio entre los libros debía haberlo visto salir. Le pregunté al único dependiente de la tienda por el joven. Y un tanto extrañado me contestó que yo había sido la única cliente en las últimas cuatro horas. Me entregó el libro, al cual abracé contra mi pecho y salí de allí.
No sentí miedo mientras salía de la tienda. No sentí horror al recordar los vívidos ojos marrones que me observaban. Simplemente sentí tristeza mientras me aferraba al libro, porque reconocía esos ojos.

miércoles, 9 de enero de 2013

Sometimes I hate myself.

Me odio. Y parece que no tengo cura. ¿Se supone que el principal instinto del hombre es la supervivencia? ¿Acaso eso se puede cambiar? ¿Acaso mi exceso de soledad y las influencias de mi familia influyen al cambio? Moriré sola, y si acaso mis hijos (si los tengo) irán al funeral. ¿Que empiezo el drama? Quizá tengan razón, quizá no. Tengo la mala costumbre de lastimar a los que quiero de abandonarlos. De ser una horrible persona. De no poder luchar contra ello. ¿Mi timidez acaso es el problema? ¿Un miedo a que rechacen mis ideas? ¿Que me lastimen con la verdad? Pero si he luchado por intentar oír siempre la verdad de mí, aunque duela aceptarla y cambiar. ¿He cambiado para peor siempre? ¿Hacia un ser encerrado en sí mismo tal como lo he visto en mi familia? ¿A un ser a la que la soledad no le molesta sino que parece su único amigo, amigo del éxito, el dinero y la sumisión de los sueños? Pero ahí no hay felicidad, si no compartes con alguien nunca habrá felicidad. Me odio por alejar a todos. Por alejarme incluso a mí misma. Por lastimar personas, amigos, hermanos. Me odio a veces.