Cerraré los ojos. Y miraré las estrellas en mis párpados. Viajaré por las galaxias y esperaré hasta encontrar tus ojos en algún lugar. Entonces podré secar las lágrimas que caen al mar desde tus dos ventanas, y seré feliz de poder ser tuya. Y navegaré en tu cabello cuando puedas volver a sonreír. Y sonreiré contigo. Pero durante la espera abrazaré la incertidumbre de tu ausencia. Y soñaré tu presencia. Todo lo que me rodea se volverá un lienzo blanco con arrugas de tu sufrimiento. Y cuando las lágrimas corran por mi mejilla, sonreiré para ti y no sentirás tristeza.
Mientras no estás, la duda se esparcirá por la casa y los erróres empezarán a brotar. Las oraciones incrementarán. Y el llanto en las noches no cesará. Y cuando cierre mis ojos estaré junto a ti. Tomaré tu mano, y desgraciadamente despertaré para anhelar tu presencia.
Mientras menos me llames, más te llamaré. Mientras más te alejes, más me preocuparé. Mientras más despiertes, más soñaré.
