¡Gracias feas y feos!
Éste es un pequeño recuerdo de la sorpresa que me dieron en la mañana de mi cumpleaños, el pasado viernes 15 de abril. Dieciseis años. Si, he llegado a ser más grande que lo que quería. Soy una vieja. Una adulta joven.
Ya llegaste aquí, ahora puedes irte. Aún estoy buscando el botón de privado, cuando lo encuentre vuelve. "Estás entrando en aguas desconocidas de la conciencia humana; a un lugar retirado del universo". Si, estás en mi diario.
Caminaba por el sendero a casa, atravesando el bosque que dividía los suburbios y el instituto. Ya casi había finalizado el día, y el sol se ocultaba entre las nubes, despidiéndose del mundo lleno de angustías y dolores. Yo lo veía desaparecer entre los altos árboles, éstos no hacían ruido. Los abetos y pinos estaban inmoviles, amenazantes y altos se posaban sobre mí. Pero entre el silencio y la oscuridad creciente, en el bosque, se oían distantes los sonidos de los animales silvestres; el dulce cantar de los pajaritos y el caminar de las ardillas entre los árboles. Se sentía paz y tranquilidad. Y era el final perfecto para un día sensacional. Me detuve. Y me senté en un tronco, ya a pocos metros del final del sendero. Podía observar los autos y personas que pasaban cerca de allí. Me sentía en paz y tranquila. Y sin notarlo una gota cristalina se deslizó por mi mejilla hasta mi barbilla. Estaba llorando, aunque sonreía...
Recuerdo cómo le decía hoy a un animado, que todos somos unos niños. Al principio él no me entendió y se sintió algo así como que insultado. Continué prácticando mi lavia con él. Mira todos somos niños en nuestro interior, o así debería ser. Nunca debemos olvidar lo que somos. Recuerda siempre lo que Jesús nos dijo una vez: Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan, porque el reino de Dios es de quienes son como ellos. Les aseguro que el que no acepta el reino de Dios como un niño, no entrará en él. Mc 10, 13-16. Jamás deberíamos dejar de ser niños. Pues en ellos está lo más bello: la pureza, la humildad, la inocencia y la gracia de Dios.
Okay, volvamos al punto inicial. ¿Por qué yo debo dejar lo que quiero para darle a otro lo que quiere? Si, éste es el pensamiento, quizas, mas egoísta que pueda concebir en mi cabeza. Pero en serio lo pienso. ¿Por qué ese persona si obtiene lo que quiere y yo tengo se suprimir mi querer para darselo? Me molesta realemente. Es lo típico de las películas. Aunque allí siempre nos muestran al hombre renegado, lleno de amor, como la persona más dulce, inteligente y perfecta de todas; y al hombre por que la protagonista lucha como un patán que no se merece nada. Pero eso no pasa siempre en la vida, ¿o si? Yo podría estar persiguiendo la perfección y a mi podría perseguirme un pasado voráz. Quizá debería cerrar mi boca, y conservar mis pensamientos ocultos al mundo. Sería lo mejor, así no lastimaría a quienes tienen fé en ese pensamiento.
¿No te ha pasado que recibes una llamada de ese nuevo amigo, y que este llora? Tú no sabes por qué llora. Y tragas saliva. La duda se asoma en tus ojos. Y piensas en lo peor (una muerte u otra cosa). Te dice que necesita hablar contigo y cuelga. Y te l@ imaginas en su cuarto, en su cama, llorando. Y tú no sabes por qué. La duda te invade y piensas que lo descubrió, que descubrió el engaño que tu guardabas. Y ahora después de preguntarte cuántas separaciones tendrían tu grupo, sumas una más a la incognita de la decepción y el miedo.
He estado sentada aquí durante casi una semana. No, estamos hablando de mi mente, no de mi cuerpo. Te he visto pasar constantemente frente a mis ojos. Y nunca te has dignado a voltear completamente. Simplemente, pasas frente a mí como buscando algo o alguien. Sólo de vez en cuando tiras una mirada acompañada de una sonrisa hacia mi banco, pero no te detienes. La abrazaste, y yo miré el suelo. Siempre has girado a mí alrededor como un planeta. Si, como un planeta que se cree mejor. Yo te busqué pero tú no entendiste para qué te estaba buscando.
Mirarte a los ojos es divertido, es una prueba para mí. Muchas veces me he preocupado, ¿acaso ves a través de mis ojos mi alma? Espero que no. Tengo mucho que contarte y tan pocos ánimos de hacerlo.