miércoles, 28 de septiembre de 2011

Ésto se llama ser pendeja.

Si no voy a luchar por lo que siento por lo menos debería dejarlo ir, ¿no es cierto? Sé que ninguno de ustedes, que dicen seguirme (más que yo, obviamente), leen esto. Sé muy bien que nadie se detiene a ver mi blog por un instante, pero si tan solo alguien de allá afuera lo hiciera y leyera todas estas entradas (basadas en él), se daría cuenta y me lo diría. Si, me diría que es tiempo de seguir como siempre lo hace Aníbal, como siempre lo dice.
Pero no puedo, ¿saben? (¿A quién se supone que le pregunto?) Es muy difícil, para mí la Sra. Masoquista.
Yo sueño con él cada noche; yo tiemblo si de hablar con él se trata; me sonrojo si de él me hablan o si se me acerca demasiado; con él sentí todo lo que jamás sentí; por él sufrí todo lo que jamás sufrí; por él nunca lloré mas que por los momentos que dejé ir o por sus tristezas. Por él que siempre tuvo chicas a su lado, aprendí lo que son celos pero siempre lo miré con amor. Por él me inspiro cada día, por él tengo melancolías, nostalgías, felicidad, odio, respeto, sonrisas, llantos y por sobre todo AMOR. Y que alguien venga aquí y me conozca y examine esos dos largos años de mi vida y me diga que no sé amar. Pero alguien que venga y analice y que me diga si acaso debo luchar.
Esta batalla no tiene un alba victoriosa para mí, sino una muerte. En el ocaso cuando mi corazón se detenga sólo él estará dentro de mí.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Proyecto en mente. ¿Con suerte? No lo creo.

Chapter one.
Siglo XVII. Inglaterra.
-Julieta- Gritó el hombre de la máscara, mientras iba en pos de la chica.
Ella huía de su perseguidor. Corría colina abajo por los campos de los Hettler, una familia poderosa con grandes hectáreas de terreno, en el condado de Devon. Tierras bastante lejos de su hogar. Acercándose cada vez más a los acantilados que marcaban el final de la propiedad.
Julieta lloraba. Sabía bien que estaba cerca el final. Su final. Sólo deseaba estar a salvo. Sólo deseaba nunca haberse entrometido. Sólo deseaba que su perseguidor se detuviera.
Pero los deseos no se hacen realidad. Y Julieta murió asesinada por el hombre de la máscara que arrojó su cadáver al mar, desde la cima de los acantilados. Y nunca nadie supo que Julieta había muerto ahí, y nunca encontraron su cuerpo ni sus deseos...