martes, 9 de octubre de 2012

9/10

Siempre quise ser una Eowyn. Una mujer luchadora, para nada resignada a los designios de la vida. Que no quería permanecer en un mundo de hombres guerreros. Donde ellos luchaban, morían e iban a la gloria como recuerdos. Ella no quería ser dejada atrás. No quería estar atrapada en una jaula como una muñeca, como una estatua de símbolo de perfección. Por eso huyó a la guerra para unirse a la lucha. Sin sentimientos que la preocuparan. Nunca quise ser una Susan Delgado. Que vivía una vida en una Baronía de la afiliación que se iba en la traición. Que estaba por entregar su vida, como sin importancia por las decisiones de su tía, a quien solo le importaba el dinero. Ella que vivía en la tristeza de una vida marginada por la pronta muerte de su padre. Ella que se enamoró y dejó de pensar en la guerra contra "El hombre bueno". Siempre quise ser una Eowyn que encontró a su Faramir al final de la guerra, y que se convertiría en Reina de un pueblo de guerreros. Con un alto renombre en la historia. Nunca quise ser una Susan que encontró a su Roland y por amor murió en la hoguera. 
Nunca quise que vieran a las mujeres como símbolo de debilidad por los sentimientos, o tal vez simplemente no quería que me vieran a mí así. Yo que siempre quise luchar en la guerra. Yo que no quiero experimentar lo que siento. Que mis sentimientos me alejen del dolor de la traición en la batalla, por simplemente concentrarse en lo que sienten por alguna persona. No quiero ser como Susan la débil que observaba por la ventana cómo Roland llevaba la guerra de la afiliación en sus manos y su amor al mismo tiempo; mientras ella sólo se concentraba en lo que sentía por él. Yo no quiero eso, quiero más. 

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