Tengo el límbico congestionado. Hace algunos meses solo podía pensar en los lindos y grandes ojos marrones que me esperaban en la iglesia. En medio de eso sentía mi débil voluntad caer hacia uno de mis amigos, la soledad, la necesidad de calor humano y la facilidad; logré convencerme de que no quería eso y sorprendentemente avancé a mirar como la necesidad se desvanecía y la verdad quedaba. Suelo siempre a estar tentada por la necesidad de tener un brazo que me consuele y en mi soledad puedo confundir simpatía con amor. ¿Qué son ahora esos grandes ojos que buscan mi rostro en la multitud cuando los comparo con la estabilidad? ¿Quién es ese extraño comparado con una vida de conocimiento? ¿Por qué vuelvo siempre a los mismos pasos? La necedad es sin duda mi mayor problema. Y tan solo fuera decidido nunca acercarme a José Miguel años atrás, tal vez aún sería feliz con David. Si no fuera optado por querer acercarme a los ojos marrones, tal vez mi única preocupación ahora sería mi confusión sentimental. Espero que la distancia de la educación me ayude a abrir los ojos como antes y darme cuenta que no es más que la debilidad de la comodidad, del miedo a conocer gente nueva y querer optar por lo fácil y rápido. La verdad no aprendí lección hace años que pueda ayudarme a no cometer los mismos errores. Y eso sin duda es lo que más me decepciona de mi carácter.