martes, 30 de diciembre de 2014

30/12

I'm the sweet heartless. I'm a good actress. And I am never ever close to anybody. Y hoy fue un día descorazonador.
If he's happy, I am happy. If he's happy, I am happy. If he's happy, I am happy. If everybody is happy, I am happy. I shouldn't be mad, life has been easy to me. I have everything a lot of people have dreamt of. Just because love hasn't found its way to my life it doesn't mean I'm not meant to have love. I have my carrer. And my self love. And my family. And someday if I love my carrer long enough it would give me the opportunity of having my own family, and yes, made all by myself. Sad? I'm the sweet heartless.

sábado, 27 de diciembre de 2014

27/12

Entonces hoy me saqué las muelas del juicio, sí, las cuatro. Un solo dolor. Un solo trauma. Y ahora a correr lejos del odontólogo. Sí, escogí unas fechas perfectas para hacerlo, lo sé. Pero yo no controlo mis muelas y cuándo deciden dolerme. Anyway. Ahí estaba yo en el consultorio de mi tío el odontólogo, temblando, sin saber si de frío o de miedo. Con mis músculos tensos, tratando de recordarme a mí misma de en cuanto en cuanto a relajarme y decirme todo está bien. No hay dolor. Solo el insoportable ruido, que se caló en mi memoria y justo ahora mientras escribo vuelve y bueno, me da dolor. La cuestión importante de esta entrada, es que ahí en medio del dolor cada vez que cerraba mis ojos para evitar ver la luz de la lámpara (y suplicar que terminara pronto, tanto operación como dolor posterior) aprecía la insufrible voz de mis pesadillas. El maldito rostro burlón que me tortura. ¿Recuerdas la voz? La que me tortura, la que me hace pensar que no soy normal. Ahí estaba, en el momento menos oportuno, con un bisturí en la boca y junto a dos personas que jamás entenderían mi locura. No importa que intentara pensar en algo diferente, pues aunque lo lograra, eso seguía ahí mirandome y burlándose como en segundo plano. De alguna u otra forma lo logré. Abrí mis ojos y decidí ver los objetos traumáticos entrar en mi boca que sucumbir a su maldita voz y su maldita risa.

viernes, 12 de diciembre de 2014

Soy Jon Snow. Y tan ficticia como él.

La tristeza me sigue acompañando desde ayer. No se ha ido el sentimiento de derrota y dolor profundo. Pero tras analizarlo 24 horas sin descanso, pude llegar a una solución. El problema no es el amor. El problema no es la oportunidad que perdí. No es el chico lindo que me sonreía y me hacía sentir bien. El problema soy yo. El problema no es que me sienta sola. Ya me cansé de compararme con un político en Navidad. Porque ¿saben? Los políticos al menos tienen familias, al menos alguien debe amarlo. Románticamente hablando. Pero los políticos no tienen amigos. Yo sí. Así que por ahí dí cerrado el tema de la soledad. El problema no es la soledad. Estoy mejor acompañada de lo que lo he estado en mucho tiempo. Me he encontrado a mí misma. Y no quiero perderme. El problema tampoco es mi falta de compañía romántica. No sirvo para eso y lo he demostrado. No es que no llegue un muchacho, porque podría hacerte una larga lista de buenos muchachos que han pasado por mi puerta. Y no ha salido bien. ¿por qué? Por mí por supuesto. Yo no sirvo para esto. ¿Entonces cuál es el problema? ¿Por qué sigues triste? ¿Por qué demonios hay un peso en tu cuerpo que te hunde? El problema soy yo. Yo que a pesar de todo lo bueno que he encontrado sigo sintiéndome sola. ¿por qué? Ahora tengo todo lo que siempre he querido... Pero si es así, ¿por qué sigo viniendo a quejarme en mi blog? Quiero un amigo. Y no las alucinaciones que me regala mi cabeza para dejar de sentirme sola. Quiero dejar de soñar con que encuentro a alguien que me entiende y encontrarlo. En la vida. En lo real. No en mi maldita cabeza. No quiero a Freylix, el amigo que robé de Génesis. No quiero a Checho, el amigo que robé de David. No quiero a César, el amigo que robé de muchos. No quiero a Fabrizio, el amigo que robé de Silvana. No quiero a Edgardo, el amigo que robé de Chany. No quiero robar a Nicolás de Mirgelys. Quiero a alguien que alguien más quiera robar de mí. Estoy harta de quejarme, de expresarme, de vivir en mi blog. Estoy harta de que el que me abrace y me conozca sea Pablo, el oso de peluche que tengo desde los 12 años. ¡Tengo 19, por Dios! No importa cuánto amor le tenga a mi oso, quiero dejar de vivir de alucinaciones. Creí que lo encontraría en José Miguel, cuando finalmente superé mi crush. Pero la distancia quiebra muchas cosas, y él ya no responde. Y yo estoy sola con los recuerdos, necesitando un abrazo, a un amigo al que quise y necesito. Quería que fuera Carlos cuando superamos nuestra extraña situación, pero quedamos raros. Y yo sigo sola. Quería que fuera el niño al que no pude querer porque llegué tarde, pero no sé cómo llegar a él. Y en eso se resume todo, en no saber. Lo digo siempre en broma pero, soy Jon Snow. No sé nada. Y estoy tan pérdida. 

jueves, 11 de diciembre de 2014

Obtusa.

Quiero soñar con Luispi hoy, necesito que mi crush me saque esta tristeza. Sí, es realmente triste que necesite que mi mente recree a un chamo para consolarme. Ahí vamos otra vez al círculo eterno: no entiendo la lección de que tengo que dejar de Walter-Mittying.

11/12

A veces es tan gracioso como todo pasa. Como los planes que ingenio en mis noches con todo el ánimo posible se ven sin sentido en mis mañanas. Cuando el sol lo ilumina todo, mi valentía se esfuma. Supongo que las cosas que pasan sirven para darme lecciones. La vida me dice: ¿ves lo que pasa? Ya no es metáfora. Y sonrío para no llorar. 
Conocí a este chico genial, que me hacía sentir bien y era divertido pasar tiempo en su compañía. Me retuve al ver su minoría de edad. Y dudé tanto de lo que sentía. Todas mis buenas ideas, mis motivaciones, se quedaron en palabras ¡como condenadamente siempre me pasa! Tuve el chance, las oportunidades. Y dudé por mis propios demonios, mis prejuicios. Me perdí Walter-Mittying mis oportunidades. La vida me abofeteó, porque cuando por fin reuní el valor para lanzarme, era demasiado tarde. Qué estúpida me siento. No quiero seguir escribiendo o leerlo, volveré en un mes a leerlo de nuevo y burlarme de mí misma. I love you, blogger.