La verdad, es que desde que
Agosto comenzó no había dejado de pensar en esto. “Si sigues así, se irá Agosto
sin que hagas una entrada”, “tienes el blog abandonado”, repetía mi mente. No
podía dejar de pensar que se me escapaba el tiempo y no daba señales de vida a
mi leal escucha. Es triste saber que perdí millones de momentos de inspiración,
que los dejé ir sin siquiera guardar un poco en mi memoria. Momentos de
inspiración tan fuertes como de esos que te hagan llorar mientras escribes. Era
muy triste dejarlos ir. Por fin hoy tome la iniciativa de no dejar que Agosto
se me escapara de las manos. Mi leal diario perdió los pasos de mi vida, que
dio un cambio tan grande en los últimos dos meses. Sólo puedo decir que desde
que salí de clases hasta ahora no había descansado como Dios lo manda.
Debo contarte una historia,
querido, una historia que realmente me sorprende. Mi inspiración sufrió volqué
y tú lo sabes, siempre lo supiste desde que lancé al río mi anillo de papel
todo se había estado viniendo abajo. De hace poco para acá (y tú lo sabes), una
nueva inspiración nació; pero a diferencia de todo esta simplemente es una
inspiración de sonrisas. Todo debe darse por etapas tal vez. Y mi anillo de
papel sería la etapa de versos sin destino, y la ilusión sería la etapa de las
sonrisas. He descubierto, y con mucho pesar, que aunque las personas ni quieran
ese “I can wait forever” se desvanece incluso en contra de la voluntad de las
personas. Se desvanece, con el tiempo mismo, aunque los sentimientos luchen por
persistir. Se desvanece, u otro lo borra.
Mis sentimientos no han cambiado,
¿sabes? Después de tanta lucha mental por decir que no, por decir que si, por
librar batalla; hoy lo reconozco. No han cambiado. Pero a diferencia de todo,
se ha desvanecido mi “I can wait forever”, aunque una voz en el interior de mi
cabeza al final del pasillo grita desesperadamente “no, no es cierto. Aun puedo
esperar”. ¿Son mis sentimientos acaso? Sólo dice eso porque ahora el barco
cambia su dirección y siente miedo.
Debería darme pena hacer público
lo que sucede en mi vida, por más metáforas que use debería darme pena. Sé que
hay gente a mi alrededor que lee y entiende, sé que otras no. Debería darme
pena, pero es mi diario y claramente dice: “no me leas”.
Mi fuente de inspiración cambió.
No, no cambió de fuente. Simplemente la que siempre fue mi fuente cambió de
dirección. Ahora quiere devolver tres años atrás. Es muy triste, ¿saben? El
motivo de mis tristezas ahora está viéndome. Está sentado en el mismo banco que
yo, sólo que ahora no mira alrededor si no que me mira a mí, intenta buscar mis
ojos. Pero aunque mis ojos se desvían, ahora alguien está parado frente a mí y
me toma la mano invitándome a dar un paseo por el parque, por el parque que
siempre quise conocer mientras esperaba sentada a que alguien se acercara,
mientras durante tres años esperé que te volvieras y me invitaras a dar un
paseo, mientras intentaba enseñarte que a quien tus ojos buscaban era a mí. Y
todos lo decían, pero no a ti, me lo decían a mí. Y yo sufría, no era a mí a
quien debían decírselo.
¿Y ahora qué hago? Por eso
escribo en cierto sentido busco ayuda. Parezco, o me miento diciéndome, que
tengo la respuesta. Pero no es así. Mientras sueño con quien me tiende la mano,
la voz de fondo se alza para decirme que me vuelva y tome la mano de quien ya
estaba a mi lado. Pero yo me había cansado de esperar, no es justo. No es justo
que vuelvas con tu sonrisita a espera que yo me vaya contigo. Yo sufrí todo ese
tiempo, fue por mi culpa porque nunca quise involucrarte. Pero, no hay peros.
No sé qué quiero. ¡NO LO SÉ! Me
había engañado diciéndome lo que quiero o debería decir. Si me cansé de
esperar, entonces tiéndele la mano a lo nuevo, pero me aterroriza tanto como me
emociona lo nuevo. Mi corazón salta y se siente bien. Es nuevo. Y es hermoso.
Siento que viviera una película romántica. Es genial. Entonces vuelvo mis ojos.
Su calor, sus abrazos. Lo que siempre quise, lo tengo. Y entonces, ¡pum! Arrrgg.
Si hay problemas con las
metáforas, lee: “Te diré mil palabras que no tendrán ningún sentido para ti,
pero a mí me sobraran las razones para decírtelas” y “Mi anillo de papel”.