miércoles, 6 de julio de 2011

14/07/11

Hoy rompo en llanto, pues sé que todo está decidido. Te quiero tanto, pero no es suficiente sentirlo.
He llegado a la flor de la frustración y al límite del conocimiento. Llegue a descubrir hace tiempo atrás que puedo amar mejor de lo que creía. Que el amor se basa en dar sin recibir, y entregarse todo por el otro.
Tú fuiste el deseo secreto durante mucho tiempo. Por quien sonreía en sueños. Y por quien fui incapaz de romper una amistad por sentimientos equívocos.
Había caminado en la oscuridad por bastante tiempo, deambulando de aquí para allá, mientras veía que nuestra relación no daba frutos y no avanzaba más. Y así me sumí en el vacio de la tristeza y desesperanza. Tan segura estuve que el amor no existía en la adolescencia, que me deje lastimar por mis pensamientos. Y ahí el Padre me abofeteo, el amor no es sentarse y esperar que el otro se siente al lado. El amor es ir y sentarte donde el otro te necesita, desvelarte por el otro cuando te necesita, entregarte en alma y por completo por la felicidad del otro. Y sonreí, pues yo te amaba como para hacer todo eso. Y seguí entregándome a ti...
Y las nubes poblaron el cielo, y comenzó a llover. Las gotas se convirtieron en lagrimas en mi rostro y tu foto se perdió en una espesa neblina. Yo no podía verte a los ojos. Ya no podía hablar de ti. Pero te pensaba más que nunca. Hasta que el miedo de perderte me invadió, y descubrí que, ciertamente, sin importar toda la esperanza del mundo mis brazos nunca estrecharan los tuyos, mis labios nunca rozaran los tuyos; y por el contrario siempre me veré obligada a escucharte y verte con otra. Me dio miedo perderte como amigo, pero me da mucho dolor dejarte ir. Ya hoy no parece importarme cualquier amor que pueda haber sentido. Ya hoy simplemente me sumo en la agonía de perderte. Y en la esperanza de poder volver amar a alguien como a ti; de poder mirar a otros como a ti; de dejarte ir.

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