Soñé que un amigo moría. Por eso lo escribo, quiero que lo lean para que no pase. Se sintió tan real. El miedo fue tan fuerte. Su ausencia me quemó, y entendí por un instante que me sentía sola sin él. Y fue extraño, pues casi no dependo de él. Fue como cuando Alejandro se fue. Pero peor. Me di cuenta que no tenía sentido la vida que llevo. Pues gira en su entorno, y si él desaparece quedaré como una boya a la deriva. Incluso a los que quiero quedaran grises y sin sentido. Fue triste terminar el sueño como terminó. El sueño se cortó y uno nuevo empezó. Pero era casi igual, pues también me lastimó. Él estaba otra vez ahí, pero vivo. Habían muchas personas, muchos amigos. Y la misma voz que en mi entrada anterior se escuchó, apareció en el cuerpo de un amigo. Y una vez más me recordaba las palabras que sé, y que no hace falta que repita. Y me dijo 'Él no quiere que le digas, él no quiere saberlo'. Lo miré y con dolor en los ojos, como si el sueño de la muerte fuera sido un sueño de la yo del sueño y me estuviese arrepintiendo de no decirle lo mucho que me importa; le dije con confianza 'Yo sé, no diré nada'.
Amigas, me lastima mucho lo que dicen. No lo hagan, si alguna vez leen esto. Entiendan que junto a mi blog lo estoy afrontando. Y con ustedes me provoca dar media vuelta y retrocer el camino trazado, sabiendo que al final no hay unos brazos cálidos esperando que vuelva.
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