Allí estaba de pie. Me di cuenta de que no la había contemplando bien hasta que la vi limpiar desenfrenadamente sus lentes. Tan sola. La recordaba tal cual en mis recuerdos. Pero había cambiado. Para empezar no recordaba que usara lentes la última vez que la había visto. Pero había sido un año desde aquella vez. Desde que muy silenciosamente nos fueramos dicho adiós en aquel salón atestado de gente. Ella frunce el ceño y frunce los labios como siempre lo ha hecho. No ha cambiado tanto. Su cuerpo tiene la misma contextura de siempre. Pero se le nota diferente allí de pie ante estas personas. Se le nota la soledad en su presencia. Levanta la mirada hacia el mostrador. Quisiera saber qué está buscando. Apenas ha llegado y eso es lo que ha hecho. No ha dirigido ni un momento su mirada hacia la multitud que la ignora en sus asientos, absortos en sus conversaciones, en sus vidas. No se ha dignado a dirigir una mirada para buscarme. Y aunque quisiera preguntar por qué no lo ha hecho conozco la respuesta. Tiene miedo. Tiene miedo de no encontrarme aquí, de sentirse dejada, olvidada y plantada. Tiene miedo de encontrarme aquí y que después de todo tengamos que despedirnos nuevamente, quién sabe por cuánto tiempo. Tiene miedo de la incertidumbre que este encuentro genera. Me teme a mí y a lo que es ella a mi lado. Teme a ser feliz de nuevo y que todo le sea arrebatado, otra vez. Me propongo que tal vez debería irme, alejarnos de esto. Pero no puedo simplemente marcharne ahora que la he visto. Tan sola frente al mostrador. Ahora veo su indecisión en su postura. Puedo escuchar sus pensamientos debatirse en si debe salir huyendo o en si debe afrontar esa parte de ella que me llevé conmigo. Sé que puedo verla tomar una decisión y sin siquiera pensarlo estoy de pie pronunciando su nombre. Su nombre que siempre fue mi falta de aliento, el dulce néctar en mi boca y las púas en mi lengua el tiempo que estuve lejos. Ella se ha quedado inmovil como el resto del mundo a nuestro alrededor. La veo volverse poco a poco, dudando de cada movimiento. Entonces levanta su rostro hacia mí y veo sus ojos enterrados en los míos. Entonces todo mi cuerpo reacciona. Sí, así se sentía amarla.
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