Cada día que pasa es más tiempo que pierdo. La desesperación me invade. Y la tristeza de la certeza que me da mi estado me deprime. Deseo marcharme. Con tanta necesidad que me pesa. No quiero quedarme un rato más. Y la realización de que no puedo alejarme me pone de nervios. Es primera vez que me siento de esta manera. Es tanto que se siente mal incluso para mi apatrida corazón. Septiembre ha terminado y yo debería despertar de mis ensueños. Pero las manos me retienen el fondo del limbo. Lo que despierta es mi necesidad, mi desesperación por dejarlo todo atrás para ver si en la distancia puedo sentirlo de nuevo.
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