sábado, 13 de septiembre de 2014

El silencio

No vi la luz desvanecerse en sus ojos. Fue tan rápido, tan seco como el golpe. Un instante duró la despedida. Un instante para que se fuera para siempre. Silencio. Y poco a poco fue llegando el dolor. Y las lágrimas se agolparon en mis ojos cuando el tiempo se detuvo y corrí hasta su lado. El peso muerto de su cabeza sin vida en mis piernas. La vista borrosa por las lágrimas. Los segundos que duraran horas. El silencio. Su mirada pérdida que trataba de llevar hasta mí con mi voz ronca debido al dolor. Un instante bastó para alejarle de mí. Y la lluvia. No, no lluvia, seguían siendo mis lágrimas. Mi pecho vacío por la ausencia de su voz, de su respiración, de sus látidos, de su calidez que me abandonaba poco a poco.

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