sábado, 9 de abril de 2011

Deseo volver a ser niña. Volveré a ser niña en 3, 2, 1... Espera un segundo, no ha sucedido nada.

Recuerdo cómo le decía hoy a un animado, que todos somos unos niños. Al principio él no me entendió y se sintió algo así como que insultado. Continué prácticando mi lavia con él. Mira todos somos niños en nuestro interior, o así debería ser. Nunca debemos olvidar lo que somos. Recuerda siempre lo que Jesús nos dijo una vez: Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan, porque el reino de Dios es de quienes son como ellos. Les aseguro que el que no acepta el reino de Dios como un niño, no entrará en él. Mc 10, 13-16. Jamás deberíamos dejar de ser niños. Pues en ellos está lo más bello: la pureza, la humildad, la inocencia y la gracia de Dios. 
A veces me gustaría volver a mi infancia. Si, esa temporada de mi vida que considero una nube de niebla gris en mi vida. Me gustará volver y cambiar tantas cosas, cosas para hacerme sentir orgullosa, cosas para no hacerme pensar que desperdicié mi infancia, cosas que recordaría siempre para no decir que he olvidado toda mi niñez. Pero por más que me sienta triste por no poder volver, me recuerdo constantemente que aún soy una niña. Aún me queda tanto por vivir. Pero no solo por eso soy una niña aún, sino porque trato de llevar eso conmigo: la inocencia y la pureza de los niños, aunque sea bien dificil. Porque sonrío ante las abversidades y porque creo que todo saldrá bien si tienes fé en Dios. O al menos eso creo que creo. Ja-ja. Nunca dejes de sentir a tu niño interior riéndose de tus preocupaciones de pre-adulto, adulto o post-adulto. Pues eso te ayudará a seguir adelante, ya lo verás; y harás que nuestro Padre Dios se sienta orgulloso de ti.

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