viernes, 1 de abril de 2011

Te dire mil palabras que no tendrán ningún sentido para ti, pero a mí me sobrarán las razones para decirtelas.

He estado sentada aquí durante casi una semana. No, estamos hablando de mi mente, no de mi cuerpo. Te he visto pasar constantemente frente a mis ojos. Y nunca te has dignado a voltear completamente. Simplemente, pasas frente a mí como buscando algo o alguien. Sólo de vez en cuando tiras una mirada acompañada de una sonrisa hacia mi banco, pero no te detienes. La abrazaste, y yo miré el suelo. Siempre has girado a mí alrededor como un planeta. Si, como un planeta que se cree mejor. Yo te busqué pero tú no entendiste para qué te estaba buscando. 
Hola, sigo aquí sentada. Quisiera saber qué hay en tu cabeza. ¿Qué carajo estás pensando ahora? ¿Quién se pasea tanto por tu cabeza que te ciega tan feo? A veces quisiera saber si eres tan buen portero como dicen y lazarte un balonazo en la cara mientras no me miras, y así, sentada detrás de mi banco reírme pícaramente. Pero estás más ciego que yo cuando leo una clase de Historia Contemporánea dirigida por la profesora Arianny. Más sordo que yo cuando Aníbal me habla. Más distraído que yo mirando el cielo o al futbolista guapo del oratorio.
¿Sabes? Quiero irme. Si, irme lejos. Muy lejos. Y estar fuera de tu alcance y del alcance de todos. ¿Para qué? Para dejar de ser un espejo. Para dejar de verte reflejado en mí, como todos los demás. Para aprender a ser yo misma. Para sacarte de mi mente. Para hablar sola y volverme más loca de lo que estoy. Para relajarme, pensar, reflexionar y después estar completamente limpia como para poder actuar.
Cuando Génesis me dice que tú y yo deberíamos estar juntos porque las fuerzas sobrenaturales del mundo así lo dictan, porque le gusta vernos juntos, porque el destino nos unió, porque quiere verme feliz; me molesto. Sí, me molesto. Y ahora no quiero hablar de eso. Pero ¿sabes? Tengo que hacerlo. 
Me siento infeliz cuando tengo que sentarme sola aquí. Si, aquí en el banco de mi cabeza. Sufro de “conciencia impulsiva”. Ah, ¿no sabes qué es eso? Bueno, la verdad es que nadie lo sabe. Pero te lo explicaré. Mi conciencia me lanza recuerdos, lindos o feos, inquietantes o agradables, molestos o alegres. Si, la mayoría de las veces son recuerdos tuyos. De cuando sonríes, de cuando me abrazas, de cuando caminas absorto de todo, de cuando juegas, de cuando eres chistoso, de cuando eres tú. Si, tú, repulsivamente tú.
¿Por qué no somos como los amigos normales? ¿No te lo has preguntado nunca? Yo sí. Y también me sé la respuesta. Yo no puedo ser una amiga normal para ti. Tengo puesto el freno de mano en cada movimiento que hago cerca de ti. Y nunca he dejado mis pensamientos y actos en neutro cuando estoy en tu presencia. Me cuesta mucho más ser yo misma contigo, ¿por qué?, porque te tengo rabia. Si, te detesto. Cada vez que estoy cerca de ti o me siento muy feliz o quiero golpearte. Eso no es amor, ¿verdad? Espero que no, porque eso no es nada sano. ¿Te imaginas? Saldrías herido por solo estar conmigo. 
Mirarte a los ojos es divertido, es una prueba para mí. Muchas veces me he preocupado, ¿acaso ves a través de mis ojos mi alma? Espero que no. Tengo mucho que contarte y tan pocos ánimos de hacerlo. 
¿Has sentido qué son los celos? Me imagino que sí, haz vivido lo suficiente y no eres de piedra. Pero recuerda (y nunca lo olvides) que soy una niña que fue sacada del mundo real y que cuando creció la abandonaron de nuevo en él aunque no conocía nada. Yo aprendí a definir los celos como esos ataques internos de querer secuestrar algo que crees que es tuyo y sacarlo del alcance de todos aquellos que signifiquen un peligro para ti en cuanto a la posesión de aquello. ¿Lo consideras correcto? Bueno, no me importa si no lo ves así, porque así lo veo yo. Te quiero secuestrar. 
No puedo pretender que no importa cuando no piensas en mí, ¿piensas que merezco esto? Traté de hacerte feliz pero te fuiste igual. Estoy tratando de olvidar que soy una adicta a ti, pero te quiero y te necesito, soy un adicto a ti. Y ahora se acabo, y no puedo olvidar lo que dijiste. Nunca voy a hacer esto otra vez. Eres un rompecorazones. Un poco dramático, pero le dio casi en el clavo. Si, ésta es una canción de los chicos de simple plan. Si, una de mis bandas favoritas. Cuanto apostaría porque tú no te sabías eso. Bueno, tampoco me preguntes por tus bandas favoritas porque no tengo ni la más mínima idea.
Tus amigos son idiotas. Si, también son mis amigos pero no les digas que dije esto. Lo dejaré hasta ahí, otro día tocamos el tema.
Continuando con el tema que no quería tocar… ¿Por qué me molesta, que tanto Génesis como Marianny digan tales barbaridades? Muy simple y sencilla la respuesta. NO ME GUSTA. Mi cariño hacia ti es extraño, cómo pudiste haberlo notado. Nada está destinado a ser, decía el narrador de (500) días de Summer, y le creo, o al menos así me parece. Me gustaría tenerte a mi lado y así mi inconsciente se quedaría quieto y feliz, y dejaría de fastidiarme tanto en las noches. Si, dejaría de enviarme esos sueños que nunca te contaré, ni a ti ni a nadie que no sea Dios, un sacerdote o un psicólogo. No son malos tranquilo. Pero hablan tanto de mí, que por eso no dejaré que los sepas, no dejaré que me conozcas lo suficiente.
PD: Sé que cuando me miras a los ojos, conoces todos mis defectos, lees mis pensamientos y conoces mi alma. Contigo todo es distinto, parece lindo, parece tierno, como diría Tom: haces que la vida valga la pena. Pero te conozco y sé que no me quieres como yo a ti. Te quiero, amigo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario