Puede que esto no te importe. Fue un exámen de castellano. Teníamos que escribir un cuento sobre muerte y la selva. Pero a mi la selva no me inspira. Chequéa lo que hice.
Caminaba por el sendero a casa, atravesando el bosque que dividía los suburbios y el instituto. Ya casi había finalizado el día, y el sol se ocultaba entre las nubes, despidiéndose del mundo lleno de angustías y dolores. Yo lo veía desaparecer entre los altos árboles, éstos no hacían ruido. Los abetos y pinos estaban inmoviles, amenazantes y altos se posaban sobre mí. Pero entre el silencio y la oscuridad creciente, en el bosque, se oían distantes los sonidos de los animales silvestres; el dulce cantar de los pajaritos y el caminar de las ardillas entre los árboles. Se sentía paz y tranquilidad. Y era el final perfecto para un día sensacional. Me detuve. Y me senté en un tronco, ya a pocos metros del final del sendero. Podía observar los autos y personas que pasaban cerca de allí. Me sentía en paz y tranquila. Y sin notarlo una gota cristalina se deslizó por mi mejilla hasta mi barbilla. Estaba llorando, aunque sonreía...Ahí estaba él, recostado sobre la portería, típico de una tarde de verano. Sonreía como de costumbre e iluminaba todoa mi vida con su animo partícular. Se parecía al "David" de Miguel Ángel, posado allí como una estatua perfecta. Lo había amado como un amigo siempre. Pero desde unos meses para acá había acariciado mi mejilla con amor, había clavado sus ojos en los míos y había robado todos los besos de mi arsenal. Lo amaba como a nadie.
...Me había vuelto un mar de lágrimas, sobre aquel viejo tronco. Su mirada aún calentaba mis ojos y mis mejillas se sonrojaban. Sentí por un instante su mano sobre mi hombro y me volví. Recordé, entonces, dónde me encontraba. Si, en el frío, cruel, vacío y oscuro bosque de la vida. Maldije mil veces aquel día de otoño cuando se despidió de mí, en éste mismo tronco. Me alejé como una idiota y lo dejé aquí, aquí donde nunca nadie lo vería, aquí donde daría su último suspiro. Su foto salió en el diario. El fotógrafo, el asesino más nombrado, había encontrado otra victima en el bosque, Charles Swit, mi Charles, había muerto desangrado.
Continuaba llorando cuando aferré mis manos al tronco y toqué una sustancia pegajosa aún existente. Miré mis manos y contemplé la sangre de Charles en mí. Cerré mis ojos y me sumí en la perdición y el vacío. Di mi último suspiro y me dispuse a acompañar a Charles en la eternidad. El fotógrafo había encontrado otra victima, una chica en el bosque. Su daga atravesó mi cuerpo y el flash marcó mi último segundo en la tierra.
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