Soy la imagen perfecta del masoquista, de la ingenuidad, de la esperanza y el optimismo al juzgar a la gente. Después de todo, todo era una opinión. Tu ausencia me hizo creerla. Y la desesperación me llevó a perder la cabeza. Ya no importa lo que piense. Estoy en un estado de gracia. Me formo mi propia imagen de ti y mantengo el cuidado de no caer en una trampa, si es eso lo que planeas. Sigo indecisa. Y queriéndote como nunca. Ya yo no sé lo que pasa. Simplemente espero. Pero la que escribió las otras entradas sigue aquí, y teme que se hagan realidad.
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