Te escribo esto porque sé que de todas las personas, tú entenderás; y porque no intentarías acostarte con aquella persona en esa fiesta, aunque pudieras hacerlo. He estado intentando implicarme, tratando de crear esas historias que más adelante quiero compartir con amigos y contarle a los niños. Invadimos propiedad privada, aunque no tuviese cerca sabíamos que era así, pero eso no importa, no viene al caso. Quiero que sepas que no eres el único que divaga cuando va a contar algo. Déjame seguir. No sé si eso fue sentirse infinito, lo dudo mucho. Infinita me siento siempre que escucho Coldplay en el auto, o en mi cuarto o en algún lugar, y la música se adentra en mi piel. Muero por experimentar tu experiencia en el túnel. Sé que alguna vez podré y te contaré sobre ello. Pero ahora déjame continuar. Me sentí real y ficticia al mismo tiempo, como cuando estoy feliz y triste al mismo tiempo, aún no me has ayudado con eso por cierto. Bueno. Pude ver a Sam y Frodo, y a la Tierra Media, a Katniss, a Percy, a Kvothe, a Roland; los vi a todos y estuve con ellos. Fue real. Y luego, aparecí en mi propia historia. La magia salió de los libros, y la sentí en mi piel. Pude sentirme bien y en peligro al mismo tiempo. Aquel lugar lleno de cornisas y campos verdes se convirtió por un momento en mi versión del hotel Loto de las Vegas. Por un instante estuve tentada a no irme, porque allí había algo, algo que me llamaba a quedarme. Ya estoy en casa, querido amigo, pero aún siento la necesidad de salir en búsqueda de aquel sitio porque siento que se desvanece, que se va y no quiero que eso pase porque de alguna u otra manera de ese lugar pareciera que pendiera mi porvenir. ¿Acaso estoy loca querido amigo? ¿O existe la posibilidad de que todos esos mundos sean el mismo, y simplemente me estén llamando a ser parte entera de él? Me sentí real y ficticia. Tal vez sí me haya sentido infinita. Gracias por escucharme.
Siempre tuya,
Azu.
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