viernes, 12 de diciembre de 2014

Soy Jon Snow. Y tan ficticia como él.

La tristeza me sigue acompañando desde ayer. No se ha ido el sentimiento de derrota y dolor profundo. Pero tras analizarlo 24 horas sin descanso, pude llegar a una solución. El problema no es el amor. El problema no es la oportunidad que perdí. No es el chico lindo que me sonreía y me hacía sentir bien. El problema soy yo. El problema no es que me sienta sola. Ya me cansé de compararme con un político en Navidad. Porque ¿saben? Los políticos al menos tienen familias, al menos alguien debe amarlo. Románticamente hablando. Pero los políticos no tienen amigos. Yo sí. Así que por ahí dí cerrado el tema de la soledad. El problema no es la soledad. Estoy mejor acompañada de lo que lo he estado en mucho tiempo. Me he encontrado a mí misma. Y no quiero perderme. El problema tampoco es mi falta de compañía romántica. No sirvo para eso y lo he demostrado. No es que no llegue un muchacho, porque podría hacerte una larga lista de buenos muchachos que han pasado por mi puerta. Y no ha salido bien. ¿por qué? Por mí por supuesto. Yo no sirvo para esto. ¿Entonces cuál es el problema? ¿Por qué sigues triste? ¿Por qué demonios hay un peso en tu cuerpo que te hunde? El problema soy yo. Yo que a pesar de todo lo bueno que he encontrado sigo sintiéndome sola. ¿por qué? Ahora tengo todo lo que siempre he querido... Pero si es así, ¿por qué sigo viniendo a quejarme en mi blog? Quiero un amigo. Y no las alucinaciones que me regala mi cabeza para dejar de sentirme sola. Quiero dejar de soñar con que encuentro a alguien que me entiende y encontrarlo. En la vida. En lo real. No en mi maldita cabeza. No quiero a Freylix, el amigo que robé de Génesis. No quiero a Checho, el amigo que robé de David. No quiero a César, el amigo que robé de muchos. No quiero a Fabrizio, el amigo que robé de Silvana. No quiero a Edgardo, el amigo que robé de Chany. No quiero robar a Nicolás de Mirgelys. Quiero a alguien que alguien más quiera robar de mí. Estoy harta de quejarme, de expresarme, de vivir en mi blog. Estoy harta de que el que me abrace y me conozca sea Pablo, el oso de peluche que tengo desde los 12 años. ¡Tengo 19, por Dios! No importa cuánto amor le tenga a mi oso, quiero dejar de vivir de alucinaciones. Creí que lo encontraría en José Miguel, cuando finalmente superé mi crush. Pero la distancia quiebra muchas cosas, y él ya no responde. Y yo estoy sola con los recuerdos, necesitando un abrazo, a un amigo al que quise y necesito. Quería que fuera Carlos cuando superamos nuestra extraña situación, pero quedamos raros. Y yo sigo sola. Quería que fuera el niño al que no pude querer porque llegué tarde, pero no sé cómo llegar a él. Y en eso se resume todo, en no saber. Lo digo siempre en broma pero, soy Jon Snow. No sé nada. Y estoy tan pérdida. 

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